Trabajar en prevención

Los proyectos se generan a través de la ilusión y a caballo de ella pretendemos mejorar el futuro. En mi caso, como médico dedicado a intentar conseguir un óptimo desarrollo infantil, no puedo permanecer impasible ante el estrepitoso aumento de niños diagnosticados de TDAH.

Por mi dilatada experiencia profesional y tomando como patrimonio los excelentes resultados obtenidos durante estos últimos años, guiando el desarrollo de niños con problemas de atención, me siento con el ánimo para incluir en mi proyecto para el 2015, dirigir mi esfuerzo profesional para intentar disminuir la presencia de niños con este importante problema.

Es un proyecto que me genera mucha ilusión, creo que hemos de sumar esfuerzos, padres y los diferentes profesionales del desarrollo infantil, para trabajar en la PREVENCIÓN.

Hay que actuar con decisión cuando se presentan los primeros síntomas.

Se tiene por costumbre aplazar el diagnóstico hasta los 7 años. Las autoridades sanitarias no aconsejan medicar a niños tan pequeños. Y hasta ese momento no se hace nada, solo observar su evolución y esperar el futuro para confirmar la necesidad de medicar. Se pierde un tiempo precioso. La plasticidad cerebral es extraordinaria durante los primeros años de vida y hay que aprovecharla.

 

La atención es una función cerebral que se aprende, por lo tanto es susceptible de ser enseñada.

Hay algunos niños que tienen mucha facilidad para estar atentos, pero hay otros que tienen importantes dificultades para conseguirlo y muchas veces la dinámica ambiental no facilita este proceso.

En el caso de que un niño menor de siete años tenga síntomas claros de baja atención o tiene necesidad de moverse en exceso, se muestra inquieto en el aula, no atiende las consignas, va a la suya, le cuesta aprender, no le interesa lo que se le explica, actúa con respuestas impulsivas… debe iniciarse una acción decidida e inmediata. El dejar pasar el tiempo solo puede empeorar la situación.

Primero hay que descartar la presencia de trastornos que influyan en el problema:

– Trastornos pediátricos: intolerancias de alimentos, estreñimiento pertinaz, presencia de parasitosis intestinal, otitis frecuentes…
– Mala coordinación motriz: retraso psicomotor, torpeza de movimientos de todo el cuerpo o manuales, caídas frecuentes, hemiparesias…
– Dificultades visuales: estrabismo, ambliopía, baja fijación visual, mala visomotricidad, problemas de acomodación…
– Problemas auditivos: baja escucha, parece que no oye, le cuesta interpretar los mensajes, mala pronunciación, grita mucho cuando habla…
– Retraso en el lenguaje: dificultad para comunicarse, no se le entiende cuando habla…
– Desorganización lateral: lateralidad tardía, dominancia alternante, lateralidad cruzada…
– Problemas de sueño: terrores nocturnos, sueño inquieto, descansa mal…
– Trastornos emocionales: inestabilidad, impulsividad, traumas emocionales…
– Retraso madurativo, tan frecuente en niños adoptados, niños con enfermedades biológicas que enlentecen su desarrollo…
– Objetivos académicos muy por encima de su capacidad de aprendizaje.

En este caso será conveniente actuar en el trastorno específico para normalizar su evolución y si se presenten varios factores, ordenar la prioridad de abordaje y buscar soluciones. Hay que ser certeros para asignar la línea terapéutica prioritaria en cada caso y no invertir tiempo y esfuerzo en terapias secundarias. Aunque hay muchas acciones terapéuticas beneficiosas, no todas aportan el mismo rendimiento en un determinado momento de la evolución del problema.

Segundo, diseñar actividades, según las características personales del niño, para potenciar la capacidad de atención y/o aumentar el nivel de control motor.

Esta acción terapéutica se debe trazar según las necesidades, las habilidades, la madurez del niño y las posibilidades del entorno.

Si atendemos con precocidad y acierto a los niños con riesgo de padecer TDAH, mejoraremos su futuro.

Doctor Jorge Catalán Balaguer

 

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