Proceso psico-fisiológico que proporciona al ser humano la capacidad de oír.

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María Jesús López: «El estudio del cerebro debería ser imprescindible en carreras como Magisterio o Pedagogía»

Esta especialista en Desarrollo Infantil lleva más de 20 años trabajando con niños con lesiones cerebrales y problemas de desorganización neurológica.

 

Más de cien especialistas en Educación Especial se dan cita en las aulas de la Universidad Miguel Hernández (UMH) para aprender a comprender el funcionamiento del cerebro de su alumnado y, así, trabajar de forma más efectiva en el desarrollo de los pequeños. María Jesús López, desde su experiencia en un centro de estimulación infantil como el Neocortex de Madrid, les instruye en esta labor.

¿Por qué es necesario introducir a los docentes en el ámbito del estudio del cerebro infantil?
Hay un nuevo paradigma que es la neuroeducación. Durante muchos años, en la enseñanza especial hemos ignorado el hecho de que el que aprende es el cerebro. Tenemos que entender que, cuando hablamos de discapacidad, observamos las consecuencias externas, pero las causas vienen por una lesión cerebral. Si queremos ser respetuosos a la hora de trabajar con los niño, tenemos que entender a la persona, pero también a su órgano de aprendizaje, que es el cerebro.

¿Cómo se trasvasará este conocimiento a los participantes?
Las jornadas están preparadas con un esquema de diez hitos fundamentales a tener en cuenta a la hora de trabajar con niños, para aprender a movernos en sus mentes y establecer unas coordenadas físicas que nos ayuden a entenderlos.

¿Es difícil hacer entender a gente inexperta en Neurociencias cómo funciona el cerebro?
Es muy complejo. En los últimos tiempos estoy haciendo neurocuentos. A través de un blog, expongo pequeñas historias de problemas reales de niños con daños cerebrales y los narro como un relato corto, para que cualquier persona que lo lea pueda entender qué es un problema de convergencia visual o qué pasa con el cerebelo de un niño. Va dirigido a cualquier tipo de persona sin formación en el campo.

¿Se aplica lo suficiente la Neurociencia en el ámbito de la educación?
Debería estudiarse más. Hay que dar un empujón al mundo de las Neurociencias en carreras como Magisterio, Pedagogía o Psicología. Debería ser una asignatura imprescindible. Hablamos de una estructura cerebral, física, para entender las funciones cerebrales que todos los profesionales de estos campos deberían manejar bien.

¿Hay alguna diferencia esencial entre los docentes formados en Neurociencias y los que no lo están?
Cuando en un centro escolar inicia un proceso de formación en el profesorado para ser más respetuoso con los niños, con la neuroeducación, los resultados son muy beneficiosos. Despertar el interés sobre el cerebro para cambiar la forma de enseñar es un camino muy costoso, pero que conduce a educación mucho mejor. Los profesionales del mundo de la Educación Especial son personas muy vocacionales y altamente preparadas para educar, pero deben ser abiertos y ponerse al día en nuevas cuestiones como en este caso, el estudio del cerebro.

En el caso de personas con graves lesiones cerebrales. ¿Cómo hay que hacer para mejorar su calidad de vida?
En el neurodesarrollo hay que instalar programas, como si de un sistema operativo se tratara. Primero, los de supervivencia. Si el niño no controla la respiración, la nutrición, o los ciclos de sueño, hay que implantarlo. Luego hay que instalar el desarrollo auditivo, motor, del lenguaje o del oído y, por último, instalar el desarrollo intelectual, el que normalmente cubre el sistema educativo, pero, si no se controlan las otras áreas antes, nuestro trabajo no tendrá sentido. Por ello, debemos aprender a desarrollar estas áreas para que nuestro trabajo sea efectivo.

 

http://www.diarioinformacion.com/elche/2017/03/11/estudio-cerebro-deberia-imprescindible-carreras/1870141.html

 

La música mejora el desarrollo del cerebro adolescente y agudiza las habilidades lingüísticas

Los resultados de un nuevo estudio sugieren que la música

puede enseñar lo que los educadores llaman

‘aprender a aprender’.

El aprendizaje de música en la escuela secundaria podría perfeccionar el desarrollo del cerebro y mejorar las habilidades lingüísticas, según este estudio.
 
Aprender música incluso ya en la educación secundaria puede ayudar a mejorar las respuestas del cerebro adolescente al sonido y agudizar el oído y las habilidades de lenguaje, sugiere un nuevo estudio de la Universidad Northwestern.

La investigación, que se publica esta semana en la revista ‘PNAS’, indica que la instrucción musical ayuda a mejorar las habilidades que son fundamentales para el éxito académico. Los beneficios se observaron durante las clases de música incluidas en el currículo de las escuelas, lo que sugiere que este entrenamiento en la escuela acelera el desarrollo neurológico.

«Si bien los programas de música son a menudo los primeros en ser recortados cuando el presupuesto de la escuela es escaso, estos resultados ponen de manifiesto el lugar que debe tener la música en el currículo de la escuela secundaria», ha señakado Nina Kraus, autora principal del estudio y directora del Northwestern’s Auditory Neuroscience Laboratory at the School of Communication.

«Aunque aprender a tocar música no enseña habilidades que parecen directamente relevantes para la mayoría de las carreras, los resultados sugieren que la música puede enseñar lo que los educadores llaman ‘aprender a aprender'», añade Kraus.

Kraus y sus colegas reclutaron a 40 estudiantes de primer año de secundaria del área de Chicago en un estudio que comenzó poco antes de que se iniciaran las clases y siguieron a estos niños hasta su último año.

Casi la mitad de los estudiantes se habían inscrito en clases de banda, lo que suponía de dos o tres horas a la semana de instrucción musical en un grupo instrumental en la escuela. El resto se había inscrito en el entrenamiento del Cuerpo de Oficiales de Reserva Junior (ROTC), que hizo hincapié en ejercicios de fitness en un período comparable. Ambos grupos asistieron a las mismas escuelas en barrios de bajos ingresos.

Grabaciones de electrodos en el inicio del estudio y tres años más tarde revelaron que el grupo de música mostró una maduración más rápida de la respuesta del cerebro al sonido. Además, demostraron una sensibilidad cerebral prolongada y aumentada a los detalles del sonido.

Todos los participantes mejoraron en las competencias lingüísticas vinculadas con la conciencia del sonido, pero la mejora fue mayor para los de las clases de música, en comparación con el grupo de ROTC.

Según los autores, el aprendizaje de música en la escuela secundaria -cada vez más desfavorecida debido a la escasez de fondos- podría perfeccionar el desarrollo del cerebro y mejorar las habilidades lingüísticas.

El procesamiento estable de detalles sonoros, importante para las habilidades lingüísticas, se sabe que está disminuida en los niños criados en la pobreza, por lo que la educación musical podría compensar esta influencia negativa en el procesamiento de sonido.

«Nuestros resultados apoyan la idea de que el cerebro de los adolescentes sigue siendo receptivo a la formación, lo que subraya la importancia de enriquecimiento durante la adolescencia», concluyen los autores.

Europa Press. EE. UU.

Todavía no han aprendido a leer

Dra. Mª del Mar Ferré Rodríguez | Dr. Jorge Ferré Veciana

Encaramos la recta final del curso y, dentro del aula de primero de Primaria, encontramos que hay niños que todavía no han aprendido a leer o muestran muchas dificultades en la adquisición de la lecto-escritura y las matemáticas.

Si bien es cierto que, aunque nuestro sistema educativo intenta una homologación en cuanto a adquisición de contenidos académicos y traza unos objetivos a alcanzar, también lo es que el grupo de alumnos de un aula no necesariamente es homogéneo, y más en nuestros días, y no se tienen en cuenta, en general, aspectos como el nivel madurativo del niño, su fecha de nacimiento (no es lo mismo haber nacido en Marzo que en Diciembre), sus antecedentes personales y un largo etc….

Sí que se considera y se tiene en cuenta la edad a la que el niño se incorporó a nuestro sistema educativo y aquellos que proceden de otras culturas o tienen una lengua materna diferente suelen contar con apoyo hasta cubrir un mínimo proceso de adaptación.

En general, podríamos considerar que se necesitan unos “requisitos básicos” para que un niño aprenda sin dificultades y estos requisitos básicos para el aprendizaje de la lecto-escritura y las matemáticas guardan una relación muy estrecha con su nivel de madurez y su organización neurofuncional.

 

¿Por qué unos alumnos van iniciar el último trimestre con una cierta soltura en la adquisición de los aprendizajes, incluso si la enseñanza es bilingüe, mientras que en otros persisten enormes dificultades?

¿Se trata simplemente de un problema de tiempo y de madurez?

En algunos casos sí. Hay niños que necesitan algo más de tiempo, que su nivel de madurez es ligeramente inferior al de la media de sus coetáneos porque, por ejemplo, han nacido en Noviembre o Diciembre y no se ha tenido en cuenta a la hora de asignarles un año de inicio de Primaria. Son niños a los que les hubiera ido muy bien tener la oportunidad de repetir el último curso de preescolar para lograr nivelarse. Son niños a los que deberemos concederles más tiempo y, si en medio del proceso no sufre su autoestima, lo lograrán, aunque sea unos meses después que sus compañeros.

Pero hay un porcentaje importante de casos en que no es simplemente un problema que se vaya a resolver con el tiempo, sino que, con el tiempo, se va a agravar.

Muchas veces, los profesores intentan (con buen criterio) no crear alarmas innecesarias y dejan evolucionar el curso antes de alertar a los padres. Pero cuando, transcurrido un tiempo prudencial, ven que un alumno no evoluciona, como es su responsabilidad, alertan a la familia.

Un porcentaje importante de estos alumnos que van rezagados, de los que lo pasan fatal, de los que se bloquean frente a la lectura, por ejemplo, son niños que han empezado primera sin contar con una correcta organización lateral, incluso sin estar lateralizados. Nosotros consideramos que, precisamente, uno de esos “requisitos básicos” de los que hablábamos, es precisamente contar con una correcta organización lateral y, por eso, aconsejaríamos en todos los casos  que, en el último curso de educación infantil, descartar problemas visuales y hacer una revisión preventiva de la lateralidad. Así, si se detecta cualquier problema, podemos empezar a trabajar antes de que el nivel de exigencia supere la capacidad de respuesta del niño.

Estamos hablando siempre de niños considerados sanos  y que van evolucionando sin grandes dificultades. Naturalmente, en los casos en los que ya se detectan o diagnostican problemas o alteraciones en edades más tempranas, es necesario intervenir antes.

Damos por sentado que el niño debe estar sano desde el punto de vista biológico, porque un niño que enferma con frecuencia no puede dedicar la energía necesaria (¡que es mucha!) a aprender, necesita emplearla para recuperar su salud.

También damos por sentado que es imprescindible un ambiente familiar que le proporcione estabilidad y seguridad.

Y contamos con que el sistema educativo ha sido diseñado para que la mayoría de alumnos de una determinada edad consigan alcanzar los objetivos curriculares.

Si a final de curso persisten las dificultades, nuestro consejo sería intentar averiguar qué pasa, porque todo un verano insistiendo en lectura y trabajando fichas y más fichas, en muchísimos casos, no sólo no va a resolver la situación, sino que va a provocar una aversión y un bloqueo frente a la lectura.

Dra Maria del Mar Ferré Rodriguez

Col nº 35398

Publicado en Mayo de 2017

http://jorgeferre.com/cgi-drferre/articulo.php

Dispraxia. Un trastorno frecuente y poco diagnosticado

Cada vez son más frecuentes las consultas de niños relacionadas con la mala letra, los errores de ortografía o de cálculo (olvidar las llevadas…), no saber hacer una operación matemática que hace un rato hacía bien, la dificultad para recordar los hábitos de la vida cotidiana…

Después de la entrevista con los padres y de la exploración neurosensopsicomotriz, en la mayoría de los casos se llega al diagnóstico de Dispraxia. Entidad poco conocida entre los especialistas en el desarrollo infantil y aún menos, como es lógico, entre los padres. En la Dispraxia se observa una baja organización del movimiento. La forma más severa se manifiesta, según las últimas estadísticas, en el 6% de los niños de 5 a 11 años. No se tienen cifras de las leves.

Se aprecia durante la ejecución de los movimientos gruesos (subir escaleras, bicicleta, pelota…), en los manuales (escritura, dibujo…), visuales (saltos de líneas al leer, copiar mal de la pizarra…), verbales (ciertas disartrias…), y la que se denomina ideatoria (no ejecutar con orden tareas de varios pasos, ponerse la ropa con secuencia errónea…). Los niños afectados de este trastorno tienen que esforzarse mucho para hacer las tareas vinculadas con el movimiento, el resto de niños las hacen de forma automática, sin prestar atención y con plena eficacia. Mientras que ellos tienen que esforzarse mucho, además al ver su bajo nivel ejecutivo, se desmotivan y evitan estas tareas, salen del paso, no ponen interés…

Con demasiada frecuencia se les clasifica de vagos, distraídos, de no querer esforzarse, de tener baja atención…

Los niños con este trastorno lo pasan muy mal en la escuela, se les exige los mismos rendimientos que a los demás, en el mismo tiempo. Tienen buena capacidad perceptiva e intelectual, pero plasman sus conocimientos con mucha dificultad, invierten más tiempo para escribir correctamente, no se les entiende la letra si lo hacen rápido, cambian el signo o el significado de las operaciones matemáticas, olvidan las llevadas, no mecanizan la sistemática del cálculo, presentan muchos errores en la ortografía… La dispraxia tiene solución en la mayoría de los casos.

El tratamiento es más efectivo cuanto antes se inicie. Está basado en la reorganización neurofuncional.

No hay tratamiento médico para resolver este trastorno.

 

Dr. Jordi Catalán Balaguer

¿Niños hiperactivos … o inactivos? El alto precio de no jugar

 

¿Puede la falta de movimiento y de juego afectar a los niños en su desarrollo cerebral? La ciencia ha constatado que sí.

Estas imágenes están tomadas de un estudio publicado por la revista Pediatrics que ha puesto de manifesto que los niños que participaron en un programa de actividad física regular mostraron una importante mejora de las funciones cerebrales y las capacidades cognitivas.

Según el profesor de Illinois Charles Hillman, “se demuestra una relación causal entre el ejercicio físico y el control ejecutivo, lo que provee un soporte científico para tratar de mejorar la capacidad de aprendizaje y la salud cerebral”. Del estudio se desprende que el ejercicio físico es una gran inversión para todos los niños, especialmente aquellos inatentos o hiperactivos.

Pero también podemos hacer la lectura a la inversa: la falta de movimiento y juego reduce espectacularmente la actividad cerebral de los niños, privándoles de un estímulo esencial y natural de desarrollo, no sólo a nivel cognitivo, sino a todos los niveles, incluido el emocional y social. Dicho así ¿ya despierta nuestro interés?

 

La cuestión es que nunca en la historia de la humanidad los niños se han movido y han jugado tan poco, y eso no sale gratis, por lo que se ve.

Entre un sistema educativo mecanicista que ignora expresamente que el aprendizaje es movimiento y atornilla a los niños a la silla, y una vida después del cole que transcurre en gran parte en el iluso mundo de la vida virtual, o de las actividades programadas, la cuestión es que una grandísima mayoría de niños, jugar, lo que se dice jugar, juega muy poco.

Si a ello le añadimos el hecho de que las pantallas y dispositivos reducen espectacularmente las capacidades de atención y ejecutivas de los niños, ya tenemos el cóctel perfecto para los problemas de aprendizaje. Aunque bajo mi punto de vista eso no es lo peor, lo peor es la gama de experiencias vitales que se pierden los niños, esas que hacen de la infancia el momento mágico y valioso que es, y que tanta trascendencia tiene sobre el tipo de adultos que conseguirán ser.

 

De verdad, apaguemos la tele, guardemos los móviles, vayamos al parque, dejémosles construir cabañas en el salón, vayamos de excursión al campo, comamos juntos sin tele, … Hagamos algo porque estas generaciones de niños no se conviertan en adultos desconectados de sí mismos, de los demás, de la naturaleza. Démosles la oportunidad de ser niños cuando es el momento de serlo. De adultos inmaduros ya está el mundo demasiado lleno.

“Solo si los niños pueden vivir hoy plenamente como tales, mañana serán personas adultas en la plenitud de su potencial. El renacuajo no se hace un mejor sapo si se lo fuerza a vivir fuera del agua prematuramente. Así también, el niño no desarrolla mejores cualidades humanas si se reprime sus impulsos naturales, si se le obliga a portarse como un pequeño adulto que ha de estar durante muchas horas inmóvil, callado, asimilando conocimientos en proporciones reguladas científicamente por medio de lecciones verbales, siguiendo ejercicios predeterminados, de acuerdo a un horario organizado por especialistas en pedagogía”

José Ortega y Gasset.

Publicado el 4 febrero, 2015 por Isabel Fernández del Castillo

Trabajar en prevención

Los proyectos se generan a través de la ilusión y a caballo de ella pretendemos mejorar el futuro. En mi caso, como médico dedicado a intentar conseguir un óptimo desarrollo infantil, no puedo permanecer impasible ante el estrepitoso aumento de niños diagnosticados de TDAH.

Por mi dilatada experiencia profesional y tomando como patrimonio los excelentes resultados obtenidos durante estos últimos años, guiando el desarrollo de niños con problemas de atención, me siento con el ánimo para incluir en mi proyecto para el 2015, dirigir mi esfuerzo profesional para intentar disminuir la presencia de niños con este importante problema.

Es un proyecto que me genera mucha ilusión, creo que hemos de sumar esfuerzos, padres y los diferentes profesionales del desarrollo infantil, para trabajar en la PREVENCIÓN.

Hay que actuar con decisión cuando se presentan los primeros síntomas.

Se tiene por costumbre aplazar el diagnóstico hasta los 7 años. Las autoridades sanitarias no aconsejan medicar a niños tan pequeños. Y hasta ese momento no se hace nada, solo observar su evolución y esperar el futuro para confirmar la necesidad de medicar. Se pierde un tiempo precioso. La plasticidad cerebral es extraordinaria durante los primeros años de vida y hay que aprovecharla.

 

La atención es una función cerebral que se aprende, por lo tanto es susceptible de ser enseñada.

Hay algunos niños que tienen mucha facilidad para estar atentos, pero hay otros que tienen importantes dificultades para conseguirlo y muchas veces la dinámica ambiental no facilita este proceso.

En el caso de que un niño menor de siete años tenga síntomas claros de baja atención o tiene necesidad de moverse en exceso, se muestra inquieto en el aula, no atiende las consignas, va a la suya, le cuesta aprender, no le interesa lo que se le explica, actúa con respuestas impulsivas… debe iniciarse una acción decidida e inmediata. El dejar pasar el tiempo solo puede empeorar la situación.

Primero hay que descartar la presencia de trastornos que influyan en el problema:

– Trastornos pediátricos: intolerancias de alimentos, estreñimiento pertinaz, presencia de parasitosis intestinal, otitis frecuentes…
– Mala coordinación motriz: retraso psicomotor, torpeza de movimientos de todo el cuerpo o manuales, caídas frecuentes, hemiparesias…
– Dificultades visuales: estrabismo, ambliopía, baja fijación visual, mala visomotricidad, problemas de acomodación…
– Problemas auditivos: baja escucha, parece que no oye, le cuesta interpretar los mensajes, mala pronunciación, grita mucho cuando habla…
– Retraso en el lenguaje: dificultad para comunicarse, no se le entiende cuando habla…
– Desorganización lateral: lateralidad tardía, dominancia alternante, lateralidad cruzada…
– Problemas de sueño: terrores nocturnos, sueño inquieto, descansa mal…
– Trastornos emocionales: inestabilidad, impulsividad, traumas emocionales…
– Retraso madurativo, tan frecuente en niños adoptados, niños con enfermedades biológicas que enlentecen su desarrollo…
– Objetivos académicos muy por encima de su capacidad de aprendizaje.

En este caso será conveniente actuar en el trastorno específico para normalizar su evolución y si se presenten varios factores, ordenar la prioridad de abordaje y buscar soluciones. Hay que ser certeros para asignar la línea terapéutica prioritaria en cada caso y no invertir tiempo y esfuerzo en terapias secundarias. Aunque hay muchas acciones terapéuticas beneficiosas, no todas aportan el mismo rendimiento en un determinado momento de la evolución del problema.

Segundo, diseñar actividades, según las características personales del niño, para potenciar la capacidad de atención y/o aumentar el nivel de control motor.

Esta acción terapéutica se debe trazar según las necesidades, las habilidades, la madurez del niño y las posibilidades del entorno.

Si atendemos con precocidad y acierto a los niños con riesgo de padecer TDAH, mejoraremos su futuro.

Doctor Jorge Catalán Balaguer

 

Experiencia de un Paciente con dificultades auditivas

Cuando era pequeño tenía muchas otitis, por consecuente tuve pérdida de audición en el oído izquierdo.

Ya de adulto, antes de realizar el tratamiento, me despistaba fácilmente y no era capaz de concentrarme. Me costaba mucho mantener o seguir una conversación, mi mente se dispersaba hacia otros pensamientos. Era incapaz de coger apuntes en clase, porque me perdía al escuchar las explicaciones, tenía que ir con grabadora digital y luego lo transcribía al ordenador. No tener una correcta audición me creaba inseguridad, pérdida de confianza en mí mismo, porque siempre te hace depender y fiarte de los demás. Una manera para mantener la seguridad en mí, fue recurrir a la grabadora. Y tenía que dedicar tiempo extra para poder completar mis apuntes con los libros porque no podía asimilar el contenido ni retenerlo. Al llevar este problema tan de pequeño deduzco que por eso desarrollé más memoria visual. En el día a día lo notaba en las conversaciones entre múltiples personas así como también cuando tenía que poner el volumen del televisor más elevado del que mis padres necesitaban escucharlo.

Los otorrinos no me comentaron que esta terapia auditiva existía, además no le dan importancia a que no puedas adquirir bien la información auditiva, porque para ellos no es una enfermedad o afectación física, sin embargo ésto no te permite tener un buen rendimiento tanto en el colegio, en el aprendizaje, como en el día a día, y afecta al estado de ánimo, en las relaciones con los demás.

Ignorante de cualquier solución sin una intervención quirúrgica o ni ayuda externa como pudiese ser un audífono. Me comentaron de la existencia de éste método y sus resultados visibles en poco tiempo así que me decidí a probarlo.

Silvia me explicó que tenía una curva audiométrica con altibajos, picos, no era recta y estable, y que según qué vocal o consonante sea, se encuentran en frecuencias diferentes. Por lo que mi cerebro tenía que descodificar todas las frecuencias que no escuchaba, como en un ahorcado completaba los sonidos de las letras que no había podido oír y saber de qué palabra se trataba. Y eso hacía que fuera muy lento a la hora de tomar apuntes y mantener una conversación, porque saturaba al cerebro y casi de un modo insconciente desviaba la atención hacia otras cosas por este sobreesfuerzo. Después de explicarme pude entender mejor el porqué de mi comportamiento y mi manera de funcionar o hacer las tareas.

He realizado este tratamiento dos veces, y al realizar esta terapia tanto la primera vez como la segunda vez tengo muy claro que he ganado audición.

Después de la primera vez que hice el tratamiento de Berard, noto muchísimo que puedo tener más control para poder decidir en qué concentrarme, poder organizar mentalmente un discurso a la hora de expresarme, es mucho más fluido y la comprensión es mejor. Otro ejemplo, en el metro soy capaz de decidir dónde poner mi atención, soy capaz de leer y concentrarme en ello, y no estar pendiente de lo que pasa a mi alrededor.

Siento que ha mejorado mucho mi equilibrio y ritmo. Desde pequeño bailo, y ahora mi baile es más dominado y seguro, puedo ejecutar los movimientos rítmicos con más equilibrio y control sin esfuerzo. Fue algo que me sorprendió mucho ya que no asociaba el equilibrio con la audición. También al escuchar mejor puedo ser capaz de afinar y controlar mejor mi voz. E incluso me ha facilitado el aprendizaje de otros idiomas.

Después de la segunda vez, estoy notando que he perfeccionado lo que mejoré durante el primer tratamiento. Lo tengo muy claro con mi madre que antes siempre le pedía que subiera el volumen del televisor, y justo al terminar el segundo Berard ya no tengo que subir el volumen, lo que no era capaz de escuchar antes, ahora sí. Al adquirir más agudeza auditiva presté más atención al sonido del entorno e incluso los sonidos internos naturales de mi cuerpo, es como ir descubriendo el mundo de nuevo.

Estoy muy contento con los resultados del primer tratamiento noté un cambio muy grande, y con el segundo observo que he mejorado más aún. Para mí fue un cambio muy grande porque escuchaba ruidos que yo antes no podía oír. Al corregir problemas de entrada auditiva mejoré lo que era la salida, es decir, como expresarme, como exponer, proyectar a través de la voz, así como la relación con el espacio, la mejora del equilibrio y la ubicación, y por consecuente un cambio de estado de ánimo y de comportamiento.

 

Ojo niño

¿Qué es el TDAH?

Los niños con impulsividad, hiperactividad, que se distraen y tienen problemas para aprender, presentan un comportamiento llamado DHA “Desorden por Déficit de Atención e hiperactividad”

Los síntomas se centran en problemas para mantener la atención, la concentración y la memoria al leer. Son muy similares a los síntomas que producen los problemas visuales. Debido a estas similitudes, muchos niños con problemas visuales están catalogados como DAH. Por ello es muy importante un buen examen visual para descartarlo.

Varios estudios publicados encontraron que los niños con TDAH padecen insuficiencia de convergencia y un porcentaje significativo de niños con problemas de aprendizaje tienen problemas visuales

El intento de funcionar en la escuela con pobres habilidades visuales puede resultar en fatiga, falta de concentración, la evitación de cerca del trabajo, y un rendimiento más lento.

Nuestro objetivo es ayudar al niño a desarrollar las herramientas visuales necesarias para responder más plenamente a su entorno escolar.

No hay una sola respuesta para ayudar a todos los niños. Trabajamos desde un enfoque multidisciplinar, con otros profesionales y los padres.

Estos problemas pueden ser tratados con lentes de rendimiento, prismas y terapia visual activa. La terapia visual puede ser de gran beneficio para tratar la falta de atención, y así mejorar el rendimiento en tareas de cerca como la lectura.

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