Dispraxia. Un trastorno frecuente y poco diagnosticado

Cada vez son más frecuentes las consultas de niños relacionadas con la mala letra, los errores de ortografía o de cálculo (olvidar las llevadas…), no saber hacer una operación matemática que hace un rato hacía bien, la dificultad para recordar los hábitos de la vida cotidiana…

Después de la entrevista con los padres y de la exploración neurosensopsicomotriz, en la mayoría de los casos se llega al diagnóstico de Dispraxia. Entidad poco conocida entre los especialistas en el desarrollo infantil y aún menos, como es lógico, entre los padres. En la Dispraxia se observa una baja organización del movimiento. La forma más severa se manifiesta, según las últimas estadísticas, en el 6% de los niños de 5 a 11 años. No se tienen cifras de las leves.

Se aprecia durante la ejecución de los movimientos gruesos (subir escaleras, bicicleta, pelota…), en los manuales (escritura, dibujo…), visuales (saltos de líneas al leer, copiar mal de la pizarra…), verbales (ciertas disartrias…), y la que se denomina ideatoria (no ejecutar con orden tareas de varios pasos, ponerse la ropa con secuencia errónea…). Los niños afectados de este trastorno tienen que esforzarse mucho para hacer las tareas vinculadas con el movimiento, el resto de niños las hacen de forma automática, sin prestar atención y con plena eficacia. Mientras que ellos tienen que esforzarse mucho, además al ver su bajo nivel ejecutivo, se desmotivan y evitan estas tareas, salen del paso, no ponen interés…

Con demasiada frecuencia se les clasifica de vagos, distraídos, de no querer esforzarse, de tener baja atención…

Los niños con este trastorno lo pasan muy mal en la escuela, se les exige los mismos rendimientos que a los demás, en el mismo tiempo. Tienen buena capacidad perceptiva e intelectual, pero plasman sus conocimientos con mucha dificultad, invierten más tiempo para escribir correctamente, no se les entiende la letra si lo hacen rápido, cambian el signo o el significado de las operaciones matemáticas, olvidan las llevadas, no mecanizan la sistemática del cálculo, presentan muchos errores en la ortografía… La dispraxia tiene solución en la mayoría de los casos.

El tratamiento es más efectivo cuanto antes se inicie. Está basado en la reorganización neurofuncional.

No hay tratamiento médico para resolver este trastorno.

 

Dr. Jordi Catalán Balaguer

El trabajo de recerca de Cristóbal

Padece déficit visual y expone sus experiencias personales en relación a su trayectoria escolar. Cristóbal ha superado grandes obstáculos y da a conocer las luces y las sombras, tanto del sistema educativo como de los profesionales que le han atendido durante estos años.

Son 166 páginas muy interesantes desde diferentes ámbitos. [para verlo haz clic aquí]

Merece la pena leerlo y reflexionar.

¡¡¡Felicidades, Cristóbal!!!cristobal

 

 

http://www.catalanbalaguer.com/es/mas-informacion/noticias

 

¿Niños hiperactivos … o inactivos? El alto precio de no jugar

 

¿Puede la falta de movimiento y de juego afectar a los niños en su desarrollo cerebral? La ciencia ha constatado que sí.

Estas imágenes están tomadas de un estudio publicado por la revista Pediatrics que ha puesto de manifesto que los niños que participaron en un programa de actividad física regular mostraron una importante mejora de las funciones cerebrales y las capacidades cognitivas.

Según el profesor de Illinois Charles Hillman, “se demuestra una relación causal entre el ejercicio físico y el control ejecutivo, lo que provee un soporte científico para tratar de mejorar la capacidad de aprendizaje y la salud cerebral”. Del estudio se desprende que el ejercicio físico es una gran inversión para todos los niños, especialmente aquellos inatentos o hiperactivos.

Pero también podemos hacer la lectura a la inversa: la falta de movimiento y juego reduce espectacularmente la actividad cerebral de los niños, privándoles de un estímulo esencial y natural de desarrollo, no sólo a nivel cognitivo, sino a todos los niveles, incluido el emocional y social. Dicho así ¿ya despierta nuestro interés?

 

La cuestión es que nunca en la historia de la humanidad los niños se han movido y han jugado tan poco, y eso no sale gratis, por lo que se ve.

Entre un sistema educativo mecanicista que ignora expresamente que el aprendizaje es movimiento y atornilla a los niños a la silla, y una vida después del cole que transcurre en gran parte en el iluso mundo de la vida virtual, o de las actividades programadas, la cuestión es que una grandísima mayoría de niños, jugar, lo que se dice jugar, juega muy poco.

Si a ello le añadimos el hecho de que las pantallas y dispositivos reducen espectacularmente las capacidades de atención y ejecutivas de los niños, ya tenemos el cóctel perfecto para los problemas de aprendizaje. Aunque bajo mi punto de vista eso no es lo peor, lo peor es la gama de experiencias vitales que se pierden los niños, esas que hacen de la infancia el momento mágico y valioso que es, y que tanta trascendencia tiene sobre el tipo de adultos que conseguirán ser.

 

De verdad, apaguemos la tele, guardemos los móviles, vayamos al parque, dejémosles construir cabañas en el salón, vayamos de excursión al campo, comamos juntos sin tele, … Hagamos algo porque estas generaciones de niños no se conviertan en adultos desconectados de sí mismos, de los demás, de la naturaleza. Démosles la oportunidad de ser niños cuando es el momento de serlo. De adultos inmaduros ya está el mundo demasiado lleno.

“Solo si los niños pueden vivir hoy plenamente como tales, mañana serán personas adultas en la plenitud de su potencial. El renacuajo no se hace un mejor sapo si se lo fuerza a vivir fuera del agua prematuramente. Así también, el niño no desarrolla mejores cualidades humanas si se reprime sus impulsos naturales, si se le obliga a portarse como un pequeño adulto que ha de estar durante muchas horas inmóvil, callado, asimilando conocimientos en proporciones reguladas científicamente por medio de lecciones verbales, siguiendo ejercicios predeterminados, de acuerdo a un horario organizado por especialistas en pedagogía”

José Ortega y Gasset.

Publicado el 4 febrero, 2015 por Isabel Fernández del Castillo

EL DISTRÉS INFANTIL. Más allá del estrés fisiológico

En este artículo vamos a analizar una serie de referencias que permiten detectar al niño que vive con un cuadro de distrés importante pero, lo primero que hay que aclarar es la diferencia que existe entre estrés, que es un término que generalmente utilizamos mal, y distrés, que es una palabra que se conoce poco.

La respuesta de estrés y el circuito biológico del estrés forman parte de la reacción normal y fisiológica de un organismo sano ante cualquier tipo de amenaza. Gracias a la respuesta defensiva de estrés, los animales y el hombre han podido enfrentarse a las contrariedades de su hábitat, sobrevivir y desarrollar sistemas de adaptación. Por tanto, cuando la respuesta de estrés cumple su función, no tenemos que considerarla negativa, al contrario.

Cuando una persona es agredida por un elemento físico o emocional, el Sistema Nervioso y el organismo reaccionan y se defienden. Si el problema se resuelve, el sistema vuelve al estado de reposo. El circuito del estrés ha cumplido su cometido y hemos podido superar una enfermedad o una agresión.

El estrés se convierte en un problema cuando la respuesta defensiva no consigue resolver la situación, el estado de estrés se prolonga de manera infructuosa y se cronifica. Entonces es cuando tenemos que hablar de distrés.

Así pues, podemos definir el distrés como el estado en el que el individuo vive con una actitud de lucha y de defensa y no consigue resolver el problema que le acecha.

El distrés se considera postraumático cuando se pone en marcha a partir de una vivencia o una experiencia traumática. Sabemos un trauma puede derivar de una experiencia intensa y brusca, una agresión aguda que pone en peligro la integridad de una persona, o de la acción prolongada, repetitiva y sostenida de situaciones de menor intensidad que comprometan el equilibrio físico, emocional o mental del individuo. Este es el tema que queremos tratar en este artículo, el del distrés postraumático de la infancia (S.E.P.T.I.), porque cada día es más frecuente el caso del niño que vive desde un estado de distrés intenso, que interfiere, distorsiona o detiene su desarrollo.

Muchos de los niños que padecen un S.E.P.T.I. se diagnostican como pacientes con problemas de atención o hiperactividad de causa primaria o desconocida (TDA-H) porque no hemos indagado suficientemente en su biografía y en el perfil de su sintomatología.

A primera vista, los síntomas de los TDA-H y de los cuadros de distrés post-traumático son muy parecidos. Así que vamos a dar unas pautas diferenciales para poder profundizar en el diagnóstico. Los niños que han sido o se han sentido agredidos por un episodio brusco o por un estado crónico de amenaza tienden a presentar reacciones generales del tipo de:

– Intentan evitar las situaciones y las circunstancias que desencadenan recuerdos del trauma, pero muchas veces no lo consiguen y la tensión va en aumento. Cuando no puede evitar las situaciones que reactivan el recuerdo del trauma, se defiende huyendo o descargando su ansiedad.

– Les cuesta recordar detalles relacionados con la situación traumática. Algunas veces no recuerdan nada porque el trauma se produjo a edades muy tempranas.

– Se muestran independientes, solitarios y tienen problemas de relación y comunicación con sus semejantes o con los adultos. Su vida de relación afectiva es restringida porque les cuesta confiar en los demás.

– Procuran evitar las manifestaciones de afecto y de amor y les cuesta mucho tener amigos.

– Muchos tienen problemas de autoestima y sienten que el futuro es muy incierto. Dudan de sí mismos, de su valor y de poder llegar a tener una vida normal.

– Se sienten distintos y, lo que es peor, se sienten culpables de ser distintos a los demás y no cumplir las expectativas familiares y socio-escolares. Generalmente, como viven con el circuito del estrés activado, tiende al predominio de la actividad del sistema nervioso vegetativo simpático, el que nos prepara para la lucha. Por este motivo, presenta síntomas de hiperalerta y defensividad con alguno de los siguientes síntomas:

– Les cuesta dormir y tolerar la oscuridad. Duermen inquietos y les cuesta conciliar el sueño.

– Tienen problemas de alimentación (anorexia o bulimia ansiosa).

– Se muestran irritables y tienen ataques de ira desproporcionados.

– Tienen dificultades para concentrarse, reacciones impulsivas o conductas hiporeactivas dependiendo de otros muchos factores personales, como la caracterología, y factores circunstanciales, como el tipo de trauma que han sufrido.

– Les cuesta mucho mantener la atención porque están agobiados por su las “tormentas emocionales” de mundo interno. La atención se dirige hacia sus preocupaciones, muchas veces, en espiral o en bucle porque los pensamientos suelen ser repetitivos.

– Viven constantemente en un estado de hipervigilancia, de hiperalerta defensiva y se sobresaltan fácilmente.

– En resumen, viven en un estado vegetativo de predominio simpático, que es el sistema que nos prepara para la lucha y la supervivencia, sin tregua y sin descanso.

– Se encuentran desubicados y desidentificados y se sienten distintos a los demás.

– Generalmente, tienen problemas importantes de autoestima. El niño que vive en estas circunstancias es infeliz y muestra desasosiego. Tiene mucho miedo aunque, a veces, no lo expresa.

– Tienen una escasa tolerancia a la frustración.

– Unos sienten miedo a la soledad, otros a no ser aceptados y valorados por los demás, algunos viven excesivamente preocupados por la muerte.

– Se muestran agresivos y reaccionan ante mínimas contrariedades o, por el contrario, desconectan de la realidad y se muestran ausentes.

– Tienen una marcada necesidad de sentirse acompañados, aprobados, protegidos y apoyados.

– Algunos, presentan manifestaciones de descarga tensional de tipo físico como son los cuadros de tipo alérgico, eccemas, bronquitis espásticas desajustes gastrointestinales o infecciones repetitivas.

Es fácil atribuir estas alteraciones a un trauma cuando aparecen de forma brusca, a partir de una situación que fácilmente perceptible para los demás. Es más difícil identificarlas cuando se van instaurando progresivamente.

Lo cierto es que debemos considerar que estamos ante un cuadro de distrés postraumático cuando las reacciones se prolongan más de un mes porque, como ya hemos dicho, si duran unos días o unas semanas, pueden ser la manifestación normal de una reacción de estrés fisiológico y defensivo.

A la hora de identificar este tipo de patología nos encontramos con otro problema. En el caso de los niños que han vivido situaciones traumáticas cuando son bebés, durante la gestación, el parto o el período de lactancia, nos faltan datos para poder percibir hasta qué punto el episodio traumático modificó su biografía. Otros, aunque cambian de forma brusca el curso de su vida, por ejemplo, cuando empiezan a andar, cuando nace un hermanito o cuando se incorporan a la guardería, sus cambios pasan desapercibidos a los ojos de los padres hasta que alguien les hace reflexionar de forma retrospectiva.

Se considera que estamos ante un trastorno de distrés postraumático agudo si los síntomas duran menos de tres meses y crónico cuando duran más de tres meses, que es lo más frecuente en el niño.

Y otro problema que interfiere el diagnóstico del problema es el hecho de que la sintomatología no tiene porqué aparecer inmediatamente, algunas veces, el comienzo del cuadro clínico puede ser demorado. Los síntomas pueden aparecer varios meses después de vivir la experiencia traumática, cuando una segunda o tercera experiencia negativa pone en marcha la constelación de síntomas que caracterizan este cuadro patológico.

No olvidemos que los síntomas no son la enfermedad, son las manifestaciones externas de un problema que tenemos que aprender a identificar. Así, por ejemplo, una úlcera gástrica o un cuadro de alergia manifiesta a la proteína de la leche pueden ser cuadros solapados que aparecen después de varios meses o años de padecer pequeñas molestias debidas a una gastritis o manifestaciones cutáneas y bronquiales que nadie asoció a la leche.

Los niños que padecen un S.E.P.T.I. activan al recuerdo consciente o inconsciente de su trauma cuando se encuentran ante cualquier situación que les hace evocar el episodio traumático y las alteraciones descritas, muchas veces, son suficientemente importantes como para provocar un cuadro clínico significativo que deteriora el desarrollo escolar, social o familiar de su vida.

Es muy importante repasar a fondo la biografía del niño y elaborar una historia clínica exhaustiva y profunda porque, en muchos casos, encontraremos episodios que se definen como característicos de este problema en el manual DSM-IV, editado en nuestro país por Masson, y que nosotros hemos adaptado a las características de la infancia, tales como:

– El niño que ha vivido una experiencia directa o indirecta pero muy próxima de peligro de su integridad física o de la integridad de alguna de las personas muy allegadas de las que depende.

– Algún episodio traumático grave experimentado durante la gestación que puso en peligro evidente a la madre o al feto.

– Una experiencia muy traumática a una edad en la que no podía distinguir entre la ficción y la realidad.

– Una situación de peligro evidente y directo, aunque no fuera consciente.

– Cualquier experiencia traumática que haya desencadenado un peligro real para el niño, aunque éste no haya sido consciente de ello.

– Son especialmente importantes las experiencias que le han puesto en peligro de muerte o han producido una represión intensa, una agresión o una situación de abandono o de rechazo. Al indagar en la historia o en el cuadro clínico, comprobaremos que el acontecimiento se reactiva constantemente a través de alguna de las siguientes formas:

– Experiencias o circunstancias similares que activan la memoria inconsciente de la experiencia. No es imprescindible que activen imágenes conscientes.

– El paciente tiene recuerdos del acontecimiento que le provocan malestar.

– Algunos niños pueden expresar y revivir la situación cuando juegan, dibujan o imaginan historias.

– Algunas veces tienen terrores nocturnos relacionados con el malestar que produce la memoria del suceso.

– Cuando se enfrentan a circunstancias desencadenantes que evocan recuerdos, actúan como si estuviera viviendo el trauma en ese momento y muestran un malestar psicológico evidente.

– El sistema vegetativo se activa al exponerse a situaciones que activen sus recuerdos.

Cuando nos encontramos con un niño que presentan estas características y no rinde en la escuela, está en su mundo, arremete contra sus compañeros de forma injustificada, se opone a las indicaciones de su profesor y muestra una conducta hiperactiva, no debemos limitarnos a catalogarle de niño con problemas de atención porque, muy posiblemente, la terapia que apliquemos será insuficiente y no conseguirá recuperar el equilibrio perdido.

Tenemos que averiguar la causa de su problema y la situación que produce ese fondo de estrés que le impide desarrollarse abierto al exterior a partir de un equilibrio interno, confiando en sus posibilidades y en sus educadores.

La trascendencia de este tipo de problema es enorme por varios factores:

– Afecta a un gran número de niños, cada día más.

– Muchas veces pasa desapercibido y no se diagnostica bien.

– Y el problema distorsiona mucho el curso de la vida del paciente y dificulta el desarrollo de su proyecto vital. Los traumas actúan como una especie de virus informático. Son informaciones que quedan integradas en la memoria del sistema, que permanecen latentes en el Sistema Límbico, en la Amígdala cerebral, el Tálamo o la Corteza Cerebral, generalmente del Hemisferio Derecho, que se activan independientemente de la voluntad cuando una carga electromagnética pone en marcha este circuito.

Lo más grave del caso es que, cuando un adulto tiene fobia a los ascensores, le agobian los espacios abiertos, sabe que le da miedo la soledad o la oscuridad, pone en marcha soluciones que le permiten evitar las situaciones que le agobian.

Por el contrario, cuando un niño se siente amenazado por la existencia de un hermano, cuando no se cree capaz de poder construir una identidad escolar positiva, cuando le dan miedo las matemáticas, cuando se siente herido por los comentarios jocosos de sus compañeros o cuando vive con la sensación de que la muerte le acecha y todo le amenaza, poco puede hacer para evitar las circunstancias que activan su trauma.

Dra. Mar Ferré

Trabajar en prevención

Los proyectos se generan a través de la ilusión y a caballo de ella pretendemos mejorar el futuro. En mi caso, como médico dedicado a intentar conseguir un óptimo desarrollo infantil, no puedo permanecer impasible ante el estrepitoso aumento de niños diagnosticados de TDAH.

Por mi dilatada experiencia profesional y tomando como patrimonio los excelentes resultados obtenidos durante estos últimos años, guiando el desarrollo de niños con problemas de atención, me siento con el ánimo para incluir en mi proyecto para el 2015, dirigir mi esfuerzo profesional para intentar disminuir la presencia de niños con este importante problema.

Es un proyecto que me genera mucha ilusión, creo que hemos de sumar esfuerzos, padres y los diferentes profesionales del desarrollo infantil, para trabajar en la PREVENCIÓN.

Hay que actuar con decisión cuando se presentan los primeros síntomas.

Se tiene por costumbre aplazar el diagnóstico hasta los 7 años. Las autoridades sanitarias no aconsejan medicar a niños tan pequeños. Y hasta ese momento no se hace nada, solo observar su evolución y esperar el futuro para confirmar la necesidad de medicar. Se pierde un tiempo precioso. La plasticidad cerebral es extraordinaria durante los primeros años de vida y hay que aprovecharla.

 

La atención es una función cerebral que se aprende, por lo tanto es susceptible de ser enseñada.

Hay algunos niños que tienen mucha facilidad para estar atentos, pero hay otros que tienen importantes dificultades para conseguirlo y muchas veces la dinámica ambiental no facilita este proceso.

En el caso de que un niño menor de siete años tenga síntomas claros de baja atención o tiene necesidad de moverse en exceso, se muestra inquieto en el aula, no atiende las consignas, va a la suya, le cuesta aprender, no le interesa lo que se le explica, actúa con respuestas impulsivas… debe iniciarse una acción decidida e inmediata. El dejar pasar el tiempo solo puede empeorar la situación.

Primero hay que descartar la presencia de trastornos que influyan en el problema:

– Trastornos pediátricos: intolerancias de alimentos, estreñimiento pertinaz, presencia de parasitosis intestinal, otitis frecuentes…
– Mala coordinación motriz: retraso psicomotor, torpeza de movimientos de todo el cuerpo o manuales, caídas frecuentes, hemiparesias…
– Dificultades visuales: estrabismo, ambliopía, baja fijación visual, mala visomotricidad, problemas de acomodación…
– Problemas auditivos: baja escucha, parece que no oye, le cuesta interpretar los mensajes, mala pronunciación, grita mucho cuando habla…
– Retraso en el lenguaje: dificultad para comunicarse, no se le entiende cuando habla…
– Desorganización lateral: lateralidad tardía, dominancia alternante, lateralidad cruzada…
– Problemas de sueño: terrores nocturnos, sueño inquieto, descansa mal…
– Trastornos emocionales: inestabilidad, impulsividad, traumas emocionales…
– Retraso madurativo, tan frecuente en niños adoptados, niños con enfermedades biológicas que enlentecen su desarrollo…
– Objetivos académicos muy por encima de su capacidad de aprendizaje.

En este caso será conveniente actuar en el trastorno específico para normalizar su evolución y si se presenten varios factores, ordenar la prioridad de abordaje y buscar soluciones. Hay que ser certeros para asignar la línea terapéutica prioritaria en cada caso y no invertir tiempo y esfuerzo en terapias secundarias. Aunque hay muchas acciones terapéuticas beneficiosas, no todas aportan el mismo rendimiento en un determinado momento de la evolución del problema.

Segundo, diseñar actividades, según las características personales del niño, para potenciar la capacidad de atención y/o aumentar el nivel de control motor.

Esta acción terapéutica se debe trazar según las necesidades, las habilidades, la madurez del niño y las posibilidades del entorno.

Si atendemos con precocidad y acierto a los niños con riesgo de padecer TDAH, mejoraremos su futuro.

Doctor Jorge Catalán Balaguer

 

Problemas de lectura y escritura

Requisitos esenciales necesarios para aprender como leer y escribir.

Para que los niños aprendan a leer y escribir sin problemas se requiere cierta madurez el cerebro, ciertas habilidades motoras y sensoriales. Tanto la visión, como el oído, habilidades motoras finas y gruesas deben estar suficientemente maduradas. Ningún pedagogo sensato enseñaría a un recién nacido como leer o escribir.


Dislexia o deficiencia del sistema fonológico.

En niños que tienen problemas para leer y escribir suele tener problemas con visión, audición y habilidades motoras. Pero también hay una inmadurez cerebral.

Académicamente, los investigadores definen la dislexia o la incapacidad para leer y escribir como una deficiencia del sistema fonológico.

Esta deficiencia está caracterizada por una habilidad reducida para percibir y reconocer los sonidos que hace la lengua y convierte estos sonidos en letras y letras en sonidos. Los niños con problemas fonológicos pueden tener problemas para distinguir entre sonidos que son similares. Su articulación a menudo no es buena y tienen memoria a corto plazo de sonidos. Característico de las personas con dislexia es que tienen problemas para deletrear incluso cuando su habilidad para leer ha mejorado sustancialmente.

Incapacidad de lectura debido a problemas visuales.

Casi la mitad de los niños con problemas para leer tienen problemas visuales. Estos pueden ser problemas del ojo para enfocar a un punto (convergencia) o para seguir el texto (tracking). Algunos niños no han desarrollado la dominancia de un ojo e involuntariamente cambian la dominancia del ojo mientras leen causando saltos en el texto. Estos niños son generalmente hipermétropes. A menudo están cansados y pierden la concentración después de haber estado leyendo por un tiempo y los ojos pueden escocer y picar. Debido a que el proceso de lectura no es automático exige plena atención, impidiéndoles comprender lo que han leído.

Importancia de las habilidades motoras finas y gruesas en la habilidad para leer y escribir.

Para escribir sin problemas los niños deben desarrollar las habilidades motoras finas de sus manos y ser capaces de sostener el lápiz en una correcta posición y cruzar fácilmente la línea media del cuerpo. Para poder dibujar las letras automáticamente el niño debe haber desarrollado su sentido kinestésico en brazos y manos. Por otro lado la modelación de las letras demandará toda su atención y tendrá problemas para pensar que escribir. Las habilidades motoras gruesas son importantes para el desarrollo del habla y el lenguaje. Niños con discapacidades motoras severas, p.ej. parálisis cerebral, en muchos casos nunca aprenderán a hablar.

El papel principal del cerebro.

Todas las habilidades necesarias para escribir y leer son controladas desde diferentes centros del cerebro, especialmente el neocortex. Estos centros juntos constituyen la red neurológica de la lectura. Para aprender a leer y escribir sin problemas toda esta red de trabajo debe funcionar adecuadamente. Cuando una o más de estas habilidades no se han desarrollado lo suficiente, los centros del cerebro que controlan estas habilidades tampoco funcionan adecuadamente. Esto entorpece la habilidad del cerebro para dirigir la red neurológica del proceso de lectura de una manera correcta


Investigación académica en dislexia.

Las investigaciones han demostrado que el cerebelo es vital para hablar. Desde un centro nervioso en el hemisferio derecho del cerebelo hay una conexión de nervios importante hacia áreas del lóbulo frontal izquierdo, que son esenciales para el desarrollo del lenguaje. En algunos casos con problemas de habla, p.ej. en el autismo, este centro en el cerebelo es menor de lo normal.

Las investigaciones académicas han hecho un esfuerzo considerable dedicado a estudiar los síntomas de la dislexia y a hacer hipótesis sobre las posibles causas de la dislexia.

22 investigadores suecos en dislexia han aprobado un informe de acuerdo a que ninguna investigación había demostrado alguna conexión entre problemas motores e incapacidades para leer. Estos investigadores alegan que la razón de porque los profesores usan ejercicios motores es que son ignorantes y no saben cómo enseñar a los niños a leer y escribir.Se han hechos muchos estudios sobre como diferentes métodos afectan en la habilidad para leer y escribir. Por otro lado no ha habido interés en el estudio de métodos que durante muchos años han sido desarrollados exitosamente para ayudar a niños con problemas de lectura y escritura.

Sin embargo es falso decir que investigadores científicos no han demostrado la conexión entre habilidad lectora y problemas motores. Hay muchas investigaciones que han demostrado como los ejercicios motores mejoran la habilidad para leer y escribir.

Integración de reflejos

El psicólogo británico Peter Blyte, durante más de treinta años ha ayudado a niños con dislexia a integrar sus reflejos primitivos. Ha desarrollado ejercicios que los niños pueden hacer para integrar diferentes reflejos primitivos.


Reflejos primitivos
Un artículo en la revista médica, Lancet, informa sobre un estudio hecho a niños con dislexia que fueron ayudados con ejercicios motores a la integración del reflejo tónico asimétrico del cuello (RTAC). Demostró que estos niños mejoraron significativamente su habilidad para leer y escribir comparada con un grupo control que no tuvo dicha ayuda y que sus reflejos permanecieron sin cambios.

Los reflejos primitivos son patrones de movimiento estereotipados que están fuera del control voluntario y dirigen los movimientos del feto y del bebe durante los primeros meses de vida. Antes de que el bebé comience a caminar utiliza mucho tiempo en hacer movimientos rítmicos de acuerdo a sus instrucciones innatas. Estos movimientos ayudan al niño a integrar sus reflejos primitivos y el bebé debe aprender a controlar una considerable cantidad de patrones de movimiento antes de estar listo para gatear y caminar.

A la edad de tres años, los reflejos primitivos deberían estar completamente integrados y no volver a interferir con el movimiento. En algunos niños una gran o pequeña cantidad de reflejos primitivos están todavía activos, lo que pueden estar causado porque el niño ha omitido algunos de estos movimientos rítmicos o no los ha hecho lo suficiente.

Los reflejos primitivos no integrados pueden causar problemas con las habilidades motoras gruesas o finas, con la visión, el oído y /o la articulación de palabras, y el lenguaje.


Reflejos primitivos que son importantes para la visión

Algunos reflejos primitivos son importantes para la lectura y la escritura como el reflejo tónico asimétrico del cuello, el tónico simétrico del cuello, el de agarre y el palmomental entre otros.

Antes de que el reflejo tónico asimétrico del cuello este integrado, el niño tendrá problemas para cruzar la línea media del cuerpo con las manos o con los ojos. Esto puede causar problemas de lectura porque los ojos pueden tener problemas para seguir la línea escrita de izquierda a derecha. También puede haber problemas con la visión binocular. También habrá insuficientes conexiones entre los dos hemisferios del cerebro obstruyendo la cooperación entre los hemisferios, las cuales son esenciales para el proceso de lectura.


Reflejos primitivos y habilidades motoras finas

Otro reflejo que esta normalmente no integrado en niños con problemas para leer es el reflejo tónico simétrico del cuello (RTSC). El reflejo está activo en niños que nunca han gateado. El RTSC activo puede causar problemas con la acomodación, p.ej. la habilidad para mirar alternativamente cerca y lejos. Los niños con este problema a menudo son hipermétropes y deben forzar sus ojos para leer y por lo tanto se cansan fácilmente.

En la incapacidad para leer y escribir los reflejos de Grasp y el palmomental están a menudo activos. Estos son reflejos de las manos y si no están integrados darán problemas con las habilidades motoras finas y al escribir. Si el reflejo de Grasp no está integrado el niño puede tener problemas para sujetar el lápiz correctamente y automatizar la escritura. Estos niños pueden apretar firmemente el lápiz y tener mala letra. Un reflejo palmomental activo también puede causar habilidades motoras finas deficientes y mala escritura pero también problemas en la articulación de palabras. Muchos niños en los que este reflejo está activo tienen problemas para articular claramente, lo que contribuye a sus dificultades fonológicas.

Terapia de movimiento rítmico

Los movimientos rítmicos que el bebe hace antes de aprender a andar son importantes no solo para la integración de reflejos sino para la maduración del cerebro. Los terapia de movimiento rítmico ha sido desarrollada en base a los movimientos rítmicos del bebe, por una mujer sueca, Kerte Linde.
Es también muy importante que los ejercicios rítmicos estimulen el cerebelo y los centros del habla en el lóbulo izquierdo del cerebro. Cuando estos centros son estimulados con movimientos rítmicos el habla mejora como se puede ver en el caso de niños autistas y discapacitados.Los ejercicios rítmicos usados en esta terapia tienen varios efectos que son importantes para la lectura y escritura. Estimulan las redes nerviosas y la mielinización de las fibras nerviosas y desarrollan la red neuronal de la lectura del neocortex. Los ejercicios rítmicos ayudan a integrar los reflejos primitivos que son importantes para la lectura y la escritura, como el reflejo tónico simétrico del cuello, el reflejo de Agarre (Grasp) y el palmomental.
He aquí dos ejemplos de cómo la terapia de movimiento rítmico afecta al habla, las habilidades motoras y la visión.En niños con problemas visuales tales como estrabismo y visión doble, tales problemas normalmente disminuyen o desaparecen después de la terapia con movimientos rítmicos. Hay probablemente varios mecanismos para ello, siendo uno de ellos la integración de los reflejos que afectan a la visión.

Casos clínicos

Lisa

Lisa tenía cuatro años cuando empezó con la terapia de movimiento rítmico con Kirte Linde. Tenía parálisis cerebral y no se podía sentar sin ser sujetada. No podía hacer nada con sus manos y mantenía sus brazos doblados y sus puños cerrados todo el tiempo. Podía decir palabras simples pero su articulación era tal que solo sus padres entendían lo que decía. Tenía un marcado estrabismo en su ojo derecho. A las pocas semanas de haber empezado el entrenamiento pudo relajar totalmente sus brazos y sus manos. Sus habilidades motoras finas mejoraron y empezó a dibujar y pintar. Empezó a hablar mucho con frases de varias palabras. Después de seis semanas de entrenamiento su estrabismo mejoró y después de un año casi desapareció. Después de cuatro meses pudo contar largas historias y sueños de una manera un poco desarticulada pero se le entendía perfectamente.
Maria

María tenía doce años cuando empezó a trabajar con terapia de movimiento rítmico e integración de reflejos con Harald Blomberg. Tenía problemas con las habilidades motoras finas y gruesas y no había aprendido a leer. Caminaba con sus caderas bastante giradas hacia el interior y tropezaba con sus pies cuando intentaba correr, su espalda estaba doblada y sus brazos eran débiles. Sus articulaciones eran débiles. Tenía problemas con los movimientos de los ojos y con la visión binocular y le habían prescrito gafas para leer. Algunos reflejos primitivos estaban activos, el tónico asimétrico del cuello y el tónico simétrico del cuello entre otros. Después de tres meses de ejercicios rítmicos empezó a leer y después de un año leía bastante bien. Los movimientos de sus ojos habían mejorado y no volvió a tener problemas con su visión binocular y no volvió a necesitar sus gafas para leer. Su articulación mejoró mucho. Después de medio año de ejercicios empezó a correr. Empezó a jugar al baloncesto y llegó a ser una gran jugadora.

Problemas motores en la habilidad para leer y escribir.

Todos los niños con problemas para leer y escribir no tienen problemas motores. En un estudio sueco solamente sobre el 25% de los niños con problemas para leer tenía problemas motores principalmente con respecto a la habilidad motora fina, la velocidad y la coordinación.
Lars Eric Berg ha informado como un grupo de niños con problemas de lectura han sido ayudados con ejercicios de movimiento rítmico e integración de reflejos.En este y otros estudios similares, la presencia de reflejos primitivos no había sido verificada. Sin embargo, la experiencia de ayudar a niños con problemas de leer y escribir muestra que también los niños sin problemas motores marcados tienen reflejos primitivos activos y que con la terapia de movimiento rítmicos y la integración de reflejos mejora su habilidad de lectura y escritura.

Los efectos de la terapia de movimiento rítmico e integración de reflejos en problemas de lectura.

En una escuela sueca había problemas. Nueve de los estudiantes tenían una lectura deficiente y sus profesores decidieron que el colegio necesitaba contratar a un profesor media jornada para clases de recuperación. El profesor de recuperación consideró un grado 2 y el resultado mostraba que su lectura era tan pobre que necesitaban profesor de recuperación con ese nivel.
En lugar de contratar a un profesor a media jornada decidieron probar con la terapia de movimiento rítmico y con la integración de reflejos. En febrero el grupo empezó con la terapia de movimiento rítmico y reflejos una vez a la semana. Lars-Eric Berg evaluó a cada estudiante y les dio programas de ejercicios individualmente. El profesor de recuperación estaba presente y aprendió como trabajar con el entrenamiento motor durante sus lecturas. A los padres se les enseñó cómo ayudar a sus hijos con los ejercicios rítmicos cada día. No se comenzó ninguna otra práctica para mejorar la lectura.
Después de tres meses el profesor de recuperación evaluó la capacidad lectora de los niños. Todos los estudiantes excepto uno leían normal en un nivel tres. En tres meses el grupo había avanzado lo que correspondería a un año de lectura, solo haciendo ejercicios motores. Los padres también informaron sobre muchos efectos positivos de los ejercicios. Las habilidades motoras de algunos de los niños habían mejorado a tal grado que algunos de ellos estaban cualificados para jugar en el equipo de football cuando antes difícilmente hubiesen sido admitidos.

Clases de terapia de movimiento rítmico y reflejos primitivos.

Una niña muy introvertida y sin amigos empezó a invitar a otros niños a su casa y disfrutó de los scout.

Harald Blomberg, médico, psiquiatra especialista, tiene más de quince años de experiencia ayudando a niños con problemas motores, déficit de atención y problemas de aprendizaje. Ha impartido clases sobre movimiento rítmico en Suecia y en otros muchos países. Su nivel uno es sobre la terapia de movimiento rítmico y reflejos primitivos y su nivel dos es sobre movimiento rítmico, reflejos y emociones.

A principios del 2006 se introducirá un nuevo nivel sobre ejercicios de movimiento rítmico, reflejos primitivos y dislexia.

Publicado por Educat Orientación Educativa miércoles, 5 de marzo de 2014